EL MAR, el tiempo que casi nos teje
                    el olvido como una mentira, el espejo donde 

                    las manos parecen destinos muy crueles, el mar. 

                    El cuerpo que tanto abrazábamos 

                    los domingos de rocío y de nata, los pájaros 

                    volviendo a su universo húmedo, el cielo 

                    de las doce, 

                    el cielo inextinguible de tus muslos sin trazos de aurora. 

                    El cálido lenguaje de algunos muchachos

                    con la edad entre sus lágrimas, 

                    la jerga tibia de las niñas: ven 

                    y nos morimos, atrozmente, tras los juncos. 

                    El mar, el ramaje remoto de todas las caricias.
 

 
 

De (TÉCNICAS) PARA ABRAZAR UN OSCURO NOMBRE 1985

 


| Nota personal | Información bibliográfica | Textos| Final |



Los poemas de Horacio E. Cluck | La verdadera historia de Montserrat C.| Este cuento se ha acabado  | Tres inhalaciones | A la que falta |

| Música para torpes | Lugares | Fantasía del cuerpo postrado | Casicuentos | Mortajas | Elogio del proxeneta|

| La última vez | Libro de citas | Diez poemas... | O podríamos amarnos... | Cáncer de invierno |

| La memoria buscando sus disfraces  |  Palabras para Obdulia  | (Técnicas) para abrazar... |

| Rená, a solas con nosotros  | Cuaderno de junio | Labios de la locura |

| Obdulia azul | Variaciones (S.E. ú O) |