A VECES, TAMBIÉN, HAY CAMINANTES QUE LLORAN ESTRELLAS

 

Si una noche cualquiera te encuentras con un niño 

que no sonríe ofrécele caballos 

y te dirá que no porque está triste, ofrécele tu pelo 

para que en él deposite sus tesoros y te dirá que no porque 

nunca ha sido navegante, ofrécele tus ojos para en ellos confundirse 

a cambio de su boca y te dirá que no porque sólo tiene 

dos monedas, ofrécele si no redondeles de tu humo 

o banderas de algún país inexistente y te dirá que no porque se cansa 

de bucear en los kilómetros, 

ofrécele por último llevarlo hasta la casa a cambio de su nombre 

por lo menos  

y te dirá que no porque es joven todavía, 

te dirá que nunca duermen las estrellas y que todavía estaba triste. 

 
 

  De LABIOS DE LA LOCURA 1983

 


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