Dejar a un lado
los remedios del exceso,
las llagas menos soportables
y la inquina.

Atesorar en la casa vieja
los recuerdos perdidos
y la salud de hierro.
Se cree el muchacho príncipe
en su vulva.

Abandonarlo todo.
Despreciar a quien te amó
denodadamente una mañana,
él aún reconoce a ciegas
la verdadera piel y su peligro.

 

De MORTAJAS 2009

 


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